Un elemento común en las historias apocalípticas es el momento en que todo empezó. Muchas veces empezamos a leer -o a ver- con el apocalipsis ya concluido, presenciando las desventuras de los supervivientes. En algún momento el autor se retrotrae a los momentos previos al desastre, cuando todo era normal.
Hoy ha sido un día de locura en el mundo económico, sobre todo en Europa y muy especialmente en España. El euribor ha dado un salto brutal del 5,12% al 5,41% en un sólo día, y sin que medie una subida de tipos oficial. A menudo, hacen falta meses para que ese diferencial se produzca. A la par y en consecuencia, el precio del petroleo -después de una semana que parecía apuntar a una ligera desaceleración- ha repuntado un exagerado 8% -colocándose el barril Brent a 138 dólares- pulverizando todos los récords históricos. ¿Todo esto por qué? Pues porque los mercados financieros mundiales están peligrosamente recalentados y globalizados, y sobre todo porque el señor Trichet -gobernador del BCE- ha dado prácticamente por segura una subida de tipos entre julio y septiembre. La sensación de muchos economistas es la de que en la cabina de mando no hay nadie, y el volante del avión en el que vamos todos se mueve solo, a bandazos.
Hoy viernes ha habido incidentes en todo el país y el sector del transporte ha convocado una huelga indefinida a partir del lunes, día 9. Ahora es cuando digo que no pasa nada, que no hay que se catastrofista...
¡Pero esto es el blog del apocalipsis! ¡Asi que a joderse! ¡El apocalipsis -quizá- empieza hoy!
viernes, 6 de junio de 2008
Coqueteando con el apocalipsis
jueves, 5 de junio de 2008
Terence McKenna
Terence McKenna es un personaje imprescindible en todo apocalipsis que se precie; es ese tipo alucinado al que nadie hace mucho caso. Cuando lo inevitable -en la forma que sea-, ocurre, todos recurren de pronto a él para comprender -y tratar de evitar- el desastre que llega.
McKenna es, básicamente, lo que nuestras aleladas autoridades definirían como politoxicómano. Durante años se dedicó a investigar, buscar y experimentar con toda droga alucinógena que descubriese. A través de ellas llegó a estados de conciencia superiores de cuyas experiencias ha escrito numerosos libros.
La relación de McKenna con el apocalipsis viene de la mano de su software Timewave Zero. Un cacharro con el que pretendía medir la fluctuación de la "Novedad" (Novelty) -un concepto que define el dinamismo de la vida, la complejidad, la innovación- a lo largo de la historia a través de complejas fórmulas matemáticas. Lo bueno viene cuando el cacharro agarra el 2012 y marca cero patatero. O sea, aquí se acaba la cosa macho.
Mucha gente ha preguntado a McKenna qué ocurrirá entre el 17 y el 21 de diciembre de 2012. McKenna dice que sólo puede especular. No tendría por qué ser el fin del mundo, pero sí un cambio drástico, muy drástico en las costumbres y forma de vida humana.
Seguramente la mayoría verá a Terence McKenna como un fumao de la vida que va puesto de setas todo el día. Por eso, y por sus teorías -apocalípticas por accidente-, es ese tipo genial al que todo el mundo buscará en las navidades de 2012. Lo malo es que palmó el 3 de abril de 2000 a los 53 años. Pase lo que pase, McKenna no podrá decirnos: '¡Veis! ¡Os lo dije!'
miércoles, 4 de junio de 2008
El Pedrolo
martes, 3 de junio de 2008
El Apocalipsis energético
lunes, 2 de junio de 2008
Amanecer Zombie
Si hay que elegir, sin duda mi apocalipsis favorito es el protagonizado por el Amanecer Zombie. Recuerdo haber visto el Dawn of the Dead de Romero -El Amanecer de los Muertos, 1978- rescatada en la 2 durante una de esas noches tontorronas de paro o fin de semana casero. Cuando apareció el remake fui al cine a verlo y disfruté como un cochino durante toda la película y especialmente con el final. Por cierto, que el DVD -por una vez y sin que sirva de precedente- tiene unos extras que valen la pena. Sobre todo la emisión de los informativos conforme la infección zombie se va apoderando del planeta. No perdérselo.
En los últimos años se ha vivido una revitalización de lo zombie gracias, en gran parte, al nuevo invento de convertir a los habituales y lentos zombies en maniacos rabiosos que corren como bestias. Sin embargo, el afán de ganar pasta a toda costa y como sea de Hollywood se ha cargado una de los mejores y más terrorificos momentos del Amanecer Zombie; ése en que finalmente te pillan y te canibalizan horriblemente.
Todos saben que el exceso de sangre y chichorros, el gore, reduce público y califica la película negativamente en los USA. Como todo es puto marketing ahora los zombies te pillan, te dan un beso en la mejilla y te matan piadosamente. No tanto, quizá, pero la matacía queda oculta a la cámara y al espectador. Inaceptable.
Dentro de nuevo Amanecer Zombie son imprescindibles el Amanecer de los Muertos, 28 días después y su secuela 28 semanas después -no son zombies, son infectados, bla, bla, más de lo mismo-. La Tierra de los Muertos -del propio Romero- es una puta mierda completamente prescindible, lo mismo que Planet Terror -aunque si tuviera que salvar una, lo haría con esta última; al menos es cachonda-. De la saga Resident Evil se puede salvar la primera -pero estas son películas que sólo se asoman a lo zombie- y prender fuego al resto. Para reírse va bien Shaun of the Dead -comedia pero británica, o sea, que lo es un poco menos-. Creo que por estos lares puede encontrarse fantásticamente traducida como Zombie Party.
Si se escarba en el género zombie pueden hallarse numerosas críticas a la sociedad alienada y borderline. Detrás del simple zombie, hay mucho más. Para entretenerse, y como curiosidad, se editó un juego de tablero sobre el Dawn of the Dead original. Se puede descargar aquí.
viernes, 30 de mayo de 2008
Basil Wolverton
Horror apocalíptico mezcla retrofuturista y rollo Historias de la Cripta. Una maravilla que influyó muy mucho en el comic underground yankee de los 60/70 -el cual lo hizo posteriormente en el de los 80, bla, bla, bla- y que descubrí de mano del gran Lord Ausente.
Wolverton destruye el mundo de distintas formas y lo destruye definitivamente. En sus cataclismos cósmicos no quedan supervivientes, y a menudo la historia termina con el protagonista acostado sobre la tierra quemada en un marco de ciudad en ruinas a medio tragar por arena post apocaliptica, o afrontando a los restos de una humanidad embrutecida, reducida a una especie de pseudo gorilas salvajes una vez perdido todo rastro de civilización. Otras veces nada; sólo huesos, algún esqueleto a punto de enterrarse en un planeta oscuro, sin atmósfera.
Pero Wolverton no escribe sólo sobre el apocalipsis. Sus historias están cargadas de antibelicismo -en pleno estreno de la Guerra Fría-; el hombre termina destruyendose a sí mismo por su vileza, estupidez, o las dos cosas. En ocasiones un superviviente regresa al planeta -como le ocurriría luego a Charlton Heston en el Planeta de los Simios- y se lamenta, incrédulo, de lo que han terminado por hacer sus congéneres.
Hay mucha ciencia ficción en la obra de Wolverton, y también mucha historia fantástica con su carga de moralina; los malvados -que no se redimen aunque tengan la oportunidad-, los que se dejan seducir por el lado oscuro, perecen siempre. Los virtuosos sobreviven -no siempre, esto es terror-. Muy naif, sí, pero eran los cincuenta y, como ahora, era lo que la gente quería leer (y creer).
jueves, 29 de mayo de 2008
La bicha gigante, o Cloverfield

Un día una Bicha gigantesca surgirá del mar y se comerá la ciudad en la que vives, para empezar. Luego tendrá crías y seguirá con el resto del mundo. Fin de la historia. Los humanos nos esconderemos en cuevas y les serviremos de alimento.
Ahora mismo, la mejor versión en cine que puedes disfrutar sobre este apocalipsis es Cloverfield -o Monstruoso-. Olvídate de Godzilla; es un cuarentón de los setenta, una lagartija gigante sobrecrecida por la radiacción sin interés ninguno.
La bicha de Cloverfield es magnífica, genial. Puedes preguntarte si fue invocada por un grupo de adoradores de Cthulhu, si viene del espacio -accidentalemente, con toda intención, o enviada por marcianos cabrones-, de las profundidades abisales o de algún laboratorio secreto en medio del Pacífico. Tiene unos servidores pequeñajos e hijoputas capaces de infectarte con un solo mordisco -y si lo hacen date por jodido-, y lo aguanta todo y todo.
Si te gusta el apocalipsis y no te marea la cámara en primera persona, tienes que ver Cloverfield. Y si puede ser en la pantalla gigante de tus suegros pastosos, mejor.



